lunes, 22 de septiembre de 2008


Día Internacional De La Paz

En el año 1981, La Asamblea General declaró que el día de la apertura de su período ordinario de sesiones en septiembre sería «proclamado y observado oficialmente como Día Internacional de la Paz, y dedicado a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo y entre ellos

El 7 de Septiembre de 2001, la Asamblea General decidió que, a partir del 2002, el Día Internacional de la Paz será observado cada 21 de septiembre, fecha que se señalará a la atención de todos los pueblos para la celebración y observancia de la paz Declaró que «el Día Internacional de la Paz se observará en adelante como un día de cesación del fuego y de no violencia a nivel mundial, a fin de que todas las naciones y pueblos se sientan motivados para cumplir una cesación de hostilidades durante todo ese Día». También invitó a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, a las organizaciones regionales y no gubernamentales a conmemorar de manera adecuada el Día Internacional de la Paz realizando, entre otras cosas, actividades educativas y de sensibilización de la opinión pública, y a colaborar con las Naciones Unidas en el establecimiento de una cesación del fuego a nivel


Día de la primavera

El día de la primavera simboliza la renovación de la naturaleza y la creatividad del espíritu humano. Todos los 21 de septiembre la juventud es protagonista. Y ya es tradición el festejo con espectáculos en vivo de todo tipo y al aire libre. La consigna es reunirse con amigos, pasar un día de picnic y aprovechar los espacios abiertos. Cuando llega la primavera, miles de jóvenes dejan el colegio/instituto/secundario para internarse en un parque a tomar, comer y divertirse a su forma.

lunes, 1 de septiembre de 2008

De los recuerdos olfativos de la infancia y del progreso entendido como una ausencia de sorpresas. 1



“Un olor. Taboada recuerda un olor, aunque no sabe bien por qué lo recuerda ahora, en este preciso momento. (...) Así dijo Taboada, sin vueltas: ‘En mi barrio llovía menta a las siete y cuarto, siete y media, ponele, de la tarde’.
-Menta –dice el chino que està en plan de refutador de leyenda, tomando prestado el término a Dolina.
-Siete y cuarto, siete y media, a más tardar –repite Taboada.
-¿Y de dónde sale eso? –dice el chino, que, como se dijo, resta importancia a la afirmación que acaba de escuchar y recala en la posible comprobación empírica del suceso que debería hacerle Taboada de una situación que no alcanza a comprender muy bien o que, refutador al fin, imagina como miles de chicles masticados cayendo de una nube gorda y fofa medio verde, tal la patética imagen que tiene de la menta.
-Eso de la menta. ¿Qué? ¿Llovían chicles o pastillas? –dice el chino, adoptando posición canchera, el brazo colgando detrás del respaldo.
-Canchereando, la embocaste de pedo, de puro pedo –dice Taboada-. Vivía cerca de la fábrica Adams, donde se hacían los chicles. Y después de las siete, cuando se terminaba el turno de los obreros, se limpiaban, creo, las enormes ollas donde se cocinaba la masa de los chicles y por las chimeneas salían enormes nubes, bien condensadas de restos de chicles, menta que, al contacto con vaya uno a saber qué cosa de la atmósfera o el calor o el frío, no sé, producía una llovizna tenue, casi imperceptible a los ojos, pero notablemente sensible al olfato, de menta.
-¿Y vos sabías todo eso de pibe? –dice el chino, que insiste en acicatear.
-¿Me estás cargando? –reacciona Taboada- ¿Cómo iba a saber eso? De pibe, junto a todos los pibes de la cuadra, salíamos a esa hora mirando para arriba, pero no para ver, sino para oler, para hacernos un festival de olor que nos dejaba en las puertas del paraíso. Los grandes también lo sentían, pero viste cómo es uno de grande, se pone más incrédulo, busca explicaciones y le resta importancia a las cosas, ¿no?
-Y, digo, ¿no? –dice el chino ya lanzado a refutar de pleno- ¿Cuándo te diste cuenta de que era de la fábrica?
-Cuando la cerraron, Chino –dice Taboada, nostálgico al fin-. Y cuando en su lugar pusieron una sede de la facultad.
-¿Y no hubo más olor? –dice el chino, tratando de paliar su testarudez.
-Nunca más –dice Taboada-, el barrio tuvo, desde entonces, el olor a cualquier barrio. O, a lo mejor, será que los pibes de ahí crecimos.”



1. Russo, Miguel. Revista Asterisco, Cultura al día. Año 2, Número 77, Agosto de 2008.

Homenaje a José de San Martín



José de San Martín (Yapeyú, Argentina, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850) fue un militar argentino cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y el Perú. Junto con Simón Bolívar es considerado uno de los libertadores más importantes de Sudamérica de la colonización española. En la Argentina tiene el título de Padre de la Patria y se lo considera un héroe y prócer nacional. En el Perú, se lo reconoce como Libertador de aquel país, con los títulos de Fundador de la Libertad del Perú, Fundador de la República y de Generalísimo de las Armas. En Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General.